Existen pocos temas sobre los que la investigación médica coincida de forma tan amplia. Desde la cuenca mediterránea hasta las grandes universidades estadounidenses, seis décadas de estudios han hecho de esta dieta el modelo alimentario más documentado — y el más recomendado — del mundo. En su centro, una constante: el aceite de oliva virgen extra.

Una intuición convertida en certeza

El sol atravesando los olivos de la Sierra Mágina

Todo comienza en los años 1950. El fisiólogo Ancel Keys observa que las poblaciones del sur de Europa, aun siendo modestas, viven más tiempo y sufren menos del corazón. Su Estudio de los Siete Países, realizado sobre doce mil hombres durante veinticinco años, establece el primer vínculo científico entre la alimentación mediterránea y una baja mortalidad cardiovascular.

Medio siglo después, el ensayo español PREDIMED, publicado en el New England Journal of Medicine, confirma esta intuición con el rigor de un ensayo clínico: en siete mil quinientos participantes seguidos durante cinco años, una dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen extra reduce cerca de un treinta por ciento el riesgo de accidente cardiovascular mayor.

Lo que dicen los grandes estudios

Los trabajos que siguieron no hicieron sino afinar esta constatación. La cohorte española SUN, sobre más de veinte mil participantes, asocia la adopción de esta dieta a un marcado descenso del riesgo de diabetes de tipo 2. Un amplio metaanálisis publicado en el British Medical Journal vincula una mayor adherencia mediterránea a una reducción de la mortalidad por todas las causas. Y cuando el escritor Dan Buettner cartografía las Blue Zones, esas raras regiones del mundo con más centenarios, el aceite de oliva de calidad reaparece como denominador común, de Cerdeña a Icaria.

El aceite de oliva, pilar del modelo

Olivo centenario de la Sierra Mágina

Si el aceite de oliva ocupa este lugar central, no es por casualidad. Virgen extra, aporta ácidos grasos favorables y una riqueza en polifenoles que las demás grasas no poseen. Pero aún debe ser de excepción: la variedad, la recolección temprana y la extracción en frío lo determinan todo. Es precisamente lo que cultiva PICORIA, con una Picual 100% de la Sierra Mágina, recogida a mano y prensada en frío.

Un arte de vivir avalado por la ciencia

El reconocimiento va hoy más allá del ámbito científico. En 2010, la UNESCO inscribió la dieta mediterránea en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; tanto la Organización Mundial de la Salud como la American Heart Association la integran ya en sus recomendaciones oficiales. Rara vez un arte de vivir habrá sido confirmado hasta tal punto por la investigación.

Cada botella PICORIA lleva consigo esta herencia: la de una tradición ancestral, hoy avalada por la ciencia, y depositada gota a gota sobre su mesa.